Playa de Ses Illetes, Formentera

23 marzo, 2018
Playa de Ses Illetes, Formentera | La Brise Charter

Si disfrutaste como un niño de la experiencia vivida en los alrededores de la playa de Ses Salines, entonces, y aún dentro del mismo parque natural de Ses Salines, te entusiasmará la maravillosa e inigualable playa de Ses Illetes, en Formentera. Está situada al norte de esta isla y junto a la islita de Espalmador, ambas muy visitadas (especialmente en verano) debido a su belleza. En la playa de Ses Illetes (o Illetas, simplemente), podemos encontrarnos con todo lo que uno podría desear encontrarse en un lugar paradisiaco y poder así hacer de sus vacaciones un momento inolvidable: el agua más cristalina y limpia de todo Baleares; las tonalidades turquesas más hermosas que hayas visto hasta hoy (ambas gracias a la magnífica y conocida alga Posidonia); una inmensa biodiversidad; una arena finísima y blanca; un entorno de sabinas centenarias que se entremezclan con la orilla en un intento por alcanzar el mar; y lugares donde disfrutar de la auténtica gastronomía mediterránea en un enclave detenido en el tiempo para que las mentes y los corazones floten sin más ocupación que la de relajarse y disfrutar.

El mejor modo de llegar a este paraíso es alquilar una motora o un yate de recreo dirigido por un patrón profesional. Es un trayecto corto, 30 minutos nada más, desde la ciudad de Ibiza, pero sin duda un trayecto inolvidable. En el momento que se abandona el puerto deportivo de Ibiza ya podemos contemplar desde el mar la maravillosa vista de D´alt Villa, la ciudad antigua amurallada, la cual, en lo alto nos observa del mismo modo que ha observado a todos aquellos navegantes, pescadores, visitantes, locales, piratas y corsarios que durante siglos llegaron a su puerto. A medida que nos alejamos y nos dirigimos al estrecho de Ses Freus (el paso obligado de camino a Formentera) empezamos a ser conscientes del entorno privilegiado donde nos hallamos: rodeados de un mar azul intenso mientras sentimos las caricias del viento en el rostro, al tiempo que nuestra embarcación sortea las crestas de las olas como si de un delfín se tratase. Y son precisamente estos increíbles, sorprendentes y amigables mamíferos los que tendremos la oportunidad de ver saltando gráciles sobre las aguas que surcamos en nuestro camino a Ses Illetes.

Una vez hemos dejado atrás el estrecho de Ses Freus vislumbramos Espalmador, una pequeñita isla separada mínimamente de Formentera por una lengua de mar que dejamos a babor (nuestra izquierda) en el trayecto a nuestro ansiado destino: Ses Illetes. Como si de una postal de una isla paradisiaca en un archipiélago del Océano Pacífico se tratase, la Playa de Illetas aguarda nuestra llegada. Un agua cristalina y pura donde apetece zambullirse, nadar en ella sin parar, así como ponerse unas gafas y poder contemplar maravillados su rico fondo marino. Una vez arribamos, por supuesto no estamos solos, otros como nosotros también decidieron embarcarse en esta travesía aconsejados, sabiamente, por otros que les precedieron. Por ello a nuestra llegada podremos ver como algunos veleros, catamaranes o yates fondearon en este privilegiado enclave, pues es el mejor modo de acercarse a este pedacito de paraje natural ya que por tierra hay más restricciones.

Una vez echada el ancla y habiendo disfrutado de cualquiera de las actividades marinas que hay a nuestro alcance (Snorkel, Seabob, Paddle Surf o moto acuática), así como de habernos tostado al sol tumbados en la proa de nuestro barco, es momento de reponer fuerzas. Nada mejor que elegir cualquiera de los restaurantes emplazados en la misma playa de Illetas, a los que podemos acceder a través de un servicio de barquero que los restaurantes ponen a nuestra disposición. La oferta gastronómica mediterránea incluye siempre una paella o arroz caldoso con pescado y marisco así como el famoso Bullit de Peix con alioli además de muchos otros manjares a los que resulta imposible resistirse, y siempre regados, como no podría ser de otro modo, por un vino blanco y fresco, ideal para un caluroso día de verano.

Durante la comida, no podremos dejar de maravillarnos ante el privilegio de haber llegado hasta allí rodeados de una naturaleza tan hermosa y disfrutando de esos sencillos pero agradables placeres que la vida nos brinda. Y brindar es lo que terminaremos haciendo antes de embarcarnos de nuevo en nuestro yate, que nos conducirá de nuevo al atardecer al lugar de donde partimos, pero esta vez con un maravilloso e imborrable recuerdo que pasará a formar parte para siempre de nuestras memorias más felices.